Viernes épico

Épico – dícese del juego Guerra del Anillo.

Efectivamente, en cualquier buen Diccionario de la Lengua Lúdica, la definición de “épico” vendría a ser algo así. Y es que Guerra del Anillo, obra cumbre del trío Nepitello, Maggi y di Meglio, es de lo más grandioso que ha parido troquel. No sólo en cuanto a proporciones (el tablero requiere una mesa de comensales viking-style) sino, sobre todo, en cuanto a intenciones.

¿Y qué intenciones tiene?

Cualquier juego que se plantee reproducir la historia de El Señor de los Anillos, volumen I, II y III, vendrá vestido de las mejores intenciones a ojos de un freak. Pero a menudo esas buenas intenciones han sido más un camino de ambición desmesurada que un viaje de placer por los mundos de Tolkien.

No es el caso con Guerra del Anillo. Para empezar el envoltorio viene acompañado de las ilustraciones de John Howe, un artista de tintes clásicos (que no son necesariamente del gusto de todos), pero con una larga trayectoria dibujando esos mundos de elfos y orcos. El mapa/tablero/mapablero sigue en esta línea, sacrificando a veces la funcionalidad por la estética, en una decisión arriesgada pero consciente.

Pero por encima de todo es la voluntad de representar esos tiempos convulsos de la Tercera Edad, con el Anillo Único dando tumbos por la geografía terramediana, con una Comunidad que se va desintegrando a cada paso, con unos ejércitos de Sauron que se antojan imparables (hasta que los paran)… Todo esto (y más) es lo que se refleja en esta historia alternativa de la Tierra Media.

Dos puntos de victoria para el que sepa diferenciar a Merry de Pippin.

Dos puntos de victoria para el que sepa diferenciar a Merry de Pippin.

Aun cuando la apariencia es de un juego centrado en lo militar, con sus rohirrim de plástico y sus olifantes de pega, bajo esta capa de batallitas también van avanzando de tapadillo Sam, Frodo y compañía, dispuestos a arrojar el puñetero anillo en el Monte del Destino (o a morir en el intento). El juego, de hecho, refleja exquisitamente estas dos vías de victoria; por un lado se pueden ocupar suficientes baluartes del enemigo como para que éste se vaya con la cola entre las piernas, con o sin anillo, y por otro lado se puede vencer si se arroja la dichosa baratija al susodicho monte o -si encarnas a Sauron- si logras corromper por completo a los portadores del anillo.

Y aun cuando la historia de El Señor de los Anillos está presente en todas y cada una de las cartas que se pueden jugar y en todas y cada una de las regiones en las que se puede luchar, lo cierto es que son más un armazón que una limitación. O dicho de otro modo, ambientan pero no constriñen el juego.

El Señor de los Alternativos

Sin ir más lejos, la Guerra Anular que se libró el viernes discurrió por unos cauces que nada tenían que ver con lo que Tolkien escribió. Para empezar, algunos Pueblos Libres se movilizaron mucho más deprisa que las huestes de Sauron. De hecho, el ejército de Gondor era tan impresionante que ni los orcos ni los haradrim llegaron a pisar Minas Tirith por miedo a que se les vinieran encima todos esos recios soldados. En cambio, las cosas no fueron tan bien para los rohirrim. Después de una defensa numantina del abismo de Helm acabaron sucumbiendo ante las hordas de Saruman (aunque su fuego no se extinguiría por completo). De hecho, la misma hueste de uruk-hai que se había apoderado de Helm se fue a zurrar unos cuantos elfos que estaban en Lórien sin haber apagado todos los rescoldos de la resistencia en Rohan. Los rohirrim, pues, aprovecharon que los uruk se estaban divirtiendo con esos remilgados-de-orejas-puntiagudas para avanzar por la retaguardia y recuperar el abismo de nuevo, donde volvieron a hacerse fuertes (esta vez acompañados de casi la mitad de la Comunidad del Anillo, que pasaba por allí).

La Tierra Media, en medio de una mesa y en medio de una guerra...

La Tierra Media, en medio de una mesa y en medio de una guerra…

Al final Gandalf, Légolas, Merry y Pippin acabaron defendiendo lo imposible ante las renovadas fuerzas de Isengard y fueron masacrados, encerrados en un callejón sin salida. Con todo, su sacrificio había servido para ganar un tiempo muy valioso para los Pueblos Libres. Un tiempo que éstos aprovecharon para reforzarse lo indecible y constituir una fuerza de choque gondoriana (con Aragorn y Boromir al frente, quien lo iba a decir) que acabó por zamparse a los hombres del sur y ocupar Dunbar.

Mientras tanto la Comunidad había decidido tomar una ruta alternativa y pasar de Moria por si acaso. Una ruta que, a pesar de resultar más larga también resultó más prometedora… hasta que las cosas se torcieron. Precisamente cuando Sam y Frodo, guiados por Gollum (el único que no les había abandonado y que aguantaba sus penosos chistes de hobbits), estaban a punto de llegar a Minas Morgul, les dieron todos los reparos y retortijones posibles. Que si este Monte del Destino es muy alto, que si tengo ampollas en los pies, que si quedémonos con el anillo que mola mazo, etc. Total, que tuvieron que dar media vuelta y encontrar un poco de buen juicio (a.k.a. seny) en las seguras tierras de Gondor para acometer este último trecho del viaje con ciertas garantías.

Entre tanto los diezmados elfos se lo jugaban el todo por el todo y abandonaban Rivendell a su suerte para intentar conquistar Moria de manos de los orcos. Y mientras, los enanos, que habían realizado una gloriosa marcha desde Érebor para reconquistar Lórien, acababan siendo aniquilados en la misma fortaleza élfica que habían recuperado…

¡Al ataque, mis figuritas azules, al ataque!

¡Al ataque, mis figuritas azules, al ataque!

¿Lograrían las tropas de Gondor conservar sus conquistas en el Sur? ¿Podría la última carga de la brigada élfica tomar Moria y dar la puntilla militar a unos ejércitos de la Sombra que habían conquistado tanto como habían perdido? ¿Conseguirían Sam y Frodo dar esos últimos pasos y tirar ese cacho de oro al Monte de marras o bien se pasarían lo que les quedaba de vida viviendo la vida loca en Minas Tirith? ¿Cuándo Sauron vio las barbas de Saruman recortar, qué puso a remojar?

Preguntas épicas que sólo pueden responderse en un viernes… épico.

  • Juego: Guerra del Anillo
  • Jugadores: 3-4
  • Duración de la partida: 240 minutos
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4 Responses to Viernes épico

  1. Bovelix says:

    Vaya que no se acabó. .. 😉

  2. Alberto Sol says:

    ¡Cachis! Cuantas incógnitas… ¿Continuaréis con la partida otro día?

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